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Laberinto diecinueve: No fue una noche cualquiera.

La gente huía de manera rápida, temerosa y sin volver la vista atrás. Todo desvastado, fuego y ruinas era el paisaje que dominaba. Ya no había lugar para estar a salvo. La tristeza se apodero de todas las miradas. El mismo planeta estaba castigado con su propia bravura, el empleo del tiempo errado. La situación es insostenible. El miedo gana las calles. Sí, la guerra - murmuro Gogo Sol -, en otro mundo no tan lejano. viendo todo lo que en la tierra acontecía. Allí, de pie, al lado del teléfono, Amador pensó: Esta es la oportunidad de la que tanto hemos hablado con Violeta. Oportunidad que hemos esperado y anhelado durante años y años. No nos gusta este maldito mundo de 2095. Violeta quiere dejar su trabajo en el laboratorio de cultivos patógenos, donde se estudia de que manera se puede multiplicar en menos tiempos los cultivos en los alimentos para hacerlos mas artificiales aun. Quizás podamos huir a través de los siglos hasta llegar a un país salvaje, pero con respeto, donde no se qu...

de noche

Cae, con su estrépito salvaje la noche en el mundo, con su zumbido eterno, expandiendo sus lúgubres tinieblas, los tiempos, como éxodo de furiosas despedidas se transforman, llegando tarde las bienvenidas opaco los destinos errantes, los fuegos queman, las luces se apagan las estrellas marcan las horas de un futuro incierto ya no hay tiempo para llegar a tiempo... para volver a empezar. Las miradas, perdidas, evidencian, la desmesura cándida de los eclipses, que regalan susurrantes otra incierta partida...

Que me recuerden...

Quiero que me recuerden en presente no cuando ya no este... quiero que me recuerden fanático de la vida en blanca y negra... y en la locura de la tribuna... Quiero que me recuerden fanático del desorden y hacedor de los versos mas imperfectos... Quiero que me recuerden soñador y militante de la utopía mas perfecta y libertario de todas sus ideas... Quiero que me recuerden en los silencios más absolutos. quiero que me recuerden con la mística de la fantasía... catorce y veintidós... Hijos, quiero que me recuerden por todo lo que leí...no por lo poco que escribí.. rebelde, leal y aventurero... compañero y amador de sus días mas violetas...

Laberinto dieciocho: Amor asesino

Los vieron allí juntos por última vez, en el bar de la esquina. En aquel bar que hace esquina y cruz con la vieja estación de servicio, allí fue donde pasaron horas, cafés y varios whiskys juntos, entre risas, lágrimas y caricias. Los corazones se agrietaron aun mas con el paso de las horas noche. Aquel lunes por la madrugada no fue uno más. Él se fue con temor de que algo podía ir mal, lo había notado, extrañado, en los ojos de ella, esos ojos lo decían todo… esos ojos hablaban… ella ya no era la misma… había un no se que… Sintió el frío temor de que ya no volvería a verla, sintió el miedo de ese amante a punto de perderlo todo… Todas esas sensaciones lo acompañaron en aquel regreso a casa, un vacilo feroz que lo estremeció por completo durante las tres cuadras de regreso. Amador sintió que Victoria le ocultaba algo. Hacia muy poco que se habían conocido, pero él sentía que la conocía de toda la vida. Ella era bella, tenia ojos bien claros, cachetes grandes y una sonrisa tierna...

Los veo...

Los veo a todos. El panorama pasa delante de mí. Los veo a todos, con los brazos abiertos, desplegados como alas, algunos con los ojos cerrados reverentemente, adorando al sol. Los veo inclinándose balanceándose, sin miedos y con la seguridad de quien no necesita implorar. Los veo a todos, avivando a los ídolos, a sus ídolos, que bien ganado tienen el titulo. Batalla tras batalla, caída tras caída. Los veo como quien baila en torno a un monumento de piedra, de madera, de preciosas piedras. Los veo destruyendo los altares de los poderes invisibles, veo incontables fieles mientras escucho sus cantos solemnes, sus suspiros, y algún que otro sollozo. Veo también aquellas victimas agonizantes que sufrieron el impecable destierro, errando en un transitar inoportuno, dentro de la implacable fortaleza… Este nuevo Templo, que se erige bestial, en el final de esta primera década del siglo XXI, parece no haberse reconstruido en vano… Los veo a todos que oscilan envueltos entre cantos y espera...

Enemistad

Creo fervorosamente en las ideas rebeldes y comprometidas, en el andar activo y pasional... en el morir por el ideal... Libertario por adopción. Vivo en la sensibilidad de las malas compañías, y en el placer de una vieja copa vacía... Solo creo en tus ojos. hoy momentáneamente, apagados, tristes... Solo creo en lo de ellos eternamente alegres. Hoy se que puedo mirar a los ojos, sin mendigar tu lealtad viejas cosechas, viejas victorias, quedaron en el olvido, en tu olvido. Gano otra batalla tu desinterés, la "amistad" que más da... Tanto caminar las viejas calles del barrio... la memoria es individual, el olvido, ese mal colectivo... Todo sucumbe en la eternidad que es la suma de nuestros tristes ayeres.

Significación de la comunicación poética

La poesía representa el esfuerzo más grande del hombre por comunicarse. Cuanto más honda, más humana, intente ser esa comunicación, tanto más oscura aparecerá la poesía, al distanciarse del lenguaje convencional, cuya exclusiva función es de instrumento para las necesidades de la vida practica. El poeta quiere comunicarse con ese desconocido que se llama lector. ¿pero es solamente un mensaje lo que envía? No, es necesario que ese mensaje surja de la colaboración del lector con el poeta. Hemos visto la actitud de muchos poetas ante los lectores. Pero a pesar de sus declaraciones evidentes en cada letra, verso o estrofa, los poetas de genio duro, escriben indefectiblemente para ellos mismos. Por ello urge la necesidad de encontrar una obra, que tenga más en cuenta al lector, no para convencerlo, sino para entablar con él una lucha, crearle trampas, burlarse de él, y usar todos los medios para convertirlo en un rival digno o para alejarlo derrotado pero con la certeza precisa de que se in...