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Al margen. Ojos sin limites. Sin tilde. De corazón anarquista. Noble. Irreverente. Agónico, paredón y después. Siempre hay mañana. Mueca de otro mundo, casi mejor. De barrios bajos y primaveras. La vida raspa, siempre; hasta el ultimo escondite, de la memoria. Sonrisa al filo. Declaración manifiesta. Avanzar, entre silencios ausentes. Ultimo principio. De este nuevo final.

Supervivencia

Entre la angustia y la alegría que provoca vivir, escribo. Escribo poesía como supervivencia. Entre voces de intemperie en un acto. Sublime. Noble y desinteresado. Entre las miradas silenciosas... Como promesa.              Como susurro. Como evidencia. Conmovedora de vivir...                                         entre la angustia y la alegría...

Laberinto de un nuevo otoño.

La voluntad de confrontarse con la noche. Confrontarse con el silencio. Confrontarse con esa orilla donde toda realidad se disuelve, es una manera de confesar que existe algo contra lo cual nada podemos hacer. Y de allí, precisamente de esa impotencia, surge el poema, surge el poder y la fuerza, surge lo mejor y lo peor del hombre. 

Laberintos treinta y tres de otoño

Pasó en silencio. El espejo le cruzo una mueca sutil. Por una pequeña ventanita de madera entraban rayos de luces alborotadas, tenues, dibujaban colores. Era un atardecer manso. Sin sobresaltos. Se detuvo, en realidad el propio espejo lo detuvo repentinamente. Se miró sin “ver” con los ojos cansados. Encerrado. Trato de reír para disimular las pequeñas arrugas que se le formaron en la comisura de los labios. El tiempo presente, inexorable. Así se vio la cara que le devolvió el espejo, y en un intento elegante de disfrazar con sonrisas, muecas, maquillaje, afeitadora, al implacable olvido... Se reconoció en un intento. Cual será la verdadera cara. O será que a nuestra cara real no la vemos nunca, quizás solo al tacto, como los ciegos.

Una copa. Un recuerdo. Un impulso

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Una copa. Un recuerdo. Un impulso Un mundo entre letras. Como guías. Como luces. Un espacio. Sin vacíos.  Letras. Que alivian. Que saben de esperas.  Esperan ser leídas. Re leídas, por la voz firme del corazón. Suenan precisos los acordes en el tiempo lírico del encanto. La voz se inicia en la sed de lo incompleto y la creación señala un estado de alerta. En la solemnidad del silencio se abrazan las miradas. Un impulso. Un recuerdo. Una copa.
Diarios. Enero 2014. Cuando escribo. Creo que terminé. Cuando suelto el ultimo golpe de letra. Y caigo en un silencio profundo. No hace falta agregar palabra alguna que tenga mayor efecto sobre lo escrito. En ese momento siento que dejé de escribir el texto y que más bien lo estoy leyendo, como si me hubiera convertido en el propio espectador de lujo de una magia ajena. Cuando recobro la noción de la realidad y del tiempo, siento que regreso de un viaje remoto, lejanisimo, y que llego con menos peso, aliviado y con otra conciencia de mi y de las circunstancias que me tocaron vivir.
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Hoy me habitan infinitas sensaciones. Me atraviesan inmensas emociones, recuerdos, imágenes, olores... Amores y desamores. Miradas infinitas, risas, lagrimas y muchos abrazos. Mucha letra y contraletra de vivido. Trípticos y guiso negro. Exitosos fracasos. Parimos "Militantes..." nomas. Y justamente el mismo día que se festejaron los 30 años de democracia. Hermoso guiño del destino...                          y la utopía va... no puede detenerse...