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Historia del sol.

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 Historia del sol: una escritura que se desdobla.  “Pero el vértigo respondía a otra cosa: recobrar su memoria en la memoria de otro.” (Las pasiones alegres) Historia del sol, de Manuel Moyano Palacios, exige, te pega y te invita. Lo hace a través de una escritura singular, construida frase por frase y sostenida en párrafos compactos. En el interior del texto no hay vorágine: hay pausas, juego y pase entre líneas. Afuera, el calor de la Córdoba seca del verano. De la falta de recursos. De un país que naufraga. Hay asombro, agobio e incomodidad: una incomodidad nazi que sobrevuela el oído del lector mientras avanza en la lectura. Hay distintas capas de escritura en el texto, como el fondo de la casa del vecino alemán: un lugar donde algo permanece oculto y los espacios parecen contener otros espacios. Ahí entre pastos crecidos, chapas y olvidos se encuentran y se desdoblan los Miguel P. en dos Migueles. O en más. ¿Quién sabe? “Miguel se acercó al otro Miguel. Sus brazos rodearo...

La Nutria: una escritura que no termina.

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“El mundo está hecho de escritura. Pero casi nadie podía verlo, incluso casi todos odiaban la escritura en este mundo” escribió La Priscila en su cuaderno sin parar. ‘La Nutria’ de Francisco Magallanes recién publicada por Club hem, se lee sin parar. Ritmo, punto y contrapunto juegan al detalle. Las historias oscilan entre lo cómico, lo mágico y lo sagrado. Con personajes de gestos nobles, contradictorios, que se plantan, arriesgan y vuelan bajito al lado nuestro.  Una escritura de línea por línea con ritmo propio y que no se detiene y así  construye una novela que no termina. Que va y va. Y cuando te detenes, la novela terminó, pero no. Porque “somos fantasmas presos de la repetición”. Y las palabras resuenan y nos obligan a mirar por las rendijas del texto. Magallanes arriesga y no se guarda nada, expande su escritura hacia adentro en forma de: “La nutria gigante es una escritura futurista” título del libro metafísico que escribió Poeta, dentro del propio libro físico. Porqu...
  “No vemos las cosas como son, las vemos como somos”. Anaïs Nin   Suene el despertador o no, cada mañana despierto con la asfixiante sensación de no volver a ver. Con la advertencia de esa llave entre el cerebro y el mundo. Con su insoportable amenaza: apagarse de forma definitiva. Entonces, comienzo a buscar puntos estratégicos en el dormitorio: el vértice de un cuadro colgado de la pared o el vértice de la puerta entreabierta. También ubico ese punto de fuga en un manojo de pañuelos desordenados sobre un solitario barral de madera, allí, detrás de la misma puerta. Ahora que escribo no sé muy bien por qué deambulo entre esos vértices. Será por una cuestión de iluminación. O se tratará de una necesidad. O, incluso, de saber previamente que existen, que son y, por ese mínimo hábito visual, afirmar su presencia ahí. Inamovibles. Todo esto sucede, claro, entre ese mundo aparte, entreverado en la plena duermevela. Fatídica acción preliminar: desmontar el sueño para entra...
Otra vez. La noche. La noche se me hace inmensa espesa. Confusa y deficiente. Los sentidos se alertan, se alteran. Me muevo lento y con disimulo para mantener el aliento. Mas allá de todo esta la noche profunda, bien profunda negra, completa, desmesurada, Impone su ritmo me asfixia, me absorbe en toda su exageración entre movimientos e imágenes que no logro definir y caigo en un profundo vacío que aturde. Estallan en mis pupilas cansadas las luces y contraluces como danzas únicas irrepetibles decodifico secuencias de planos superpuestos al amparo de las voces que susurran los vientos. La noche me traga.                 Desaparezco por completo.
El oficio de la palabra se reúne en una red de miradas que no se ven, pero que sostiene al mundo para no dejarlo caer... Se manifiesta en forma de huella, de voz. Mas allá de la pequeña ternura de designar esto o aquello el oficio de la palabra es un comprometido acto de amor que crea resistencia para comprobar que existimos.

Palabras de un otoño tardio

Escribo sin saber de que lado tiran las palabras. Se filtran una tras otra. Sin vacilación.  Exigen decorosas alguna respuesta... Lo compruebo en el solemne ocaso de la noche en el mundo... Cuando me sumerjo en el desaliento que desafía la herida, como si fuese tan fácil escribir. Las palabras se asocian presurosas  para darle sentido al temor que provoca lo incierto, invocan resolutas la contracción del ultimo suspiro. La voz imparable que se refugia en el silencio y se estaciona a un costado del corazón...

Diarios. De diciembres.

Como tengo mala memoria y se me escapan muchas cosas, entonces escribo. Escribo lo que veo, escucho, siento, lo que pienso y lo que piensan e incluso lo que me dicen. Es como si acumulará un sin fin de historias en forma de marionetas apasionadas, que yo solo puedo mover al compás de los sentimientos. Afuera es de noche, subo a mi terraza, la recorro con mi mirada, soy el único que conoce todos los secretos. Hay una mesa, casi, al aire libre, plantas y fl ores por crecer. Un libro abierto. Siempre. Y yo escribo soy feliz. Tambien lloro... Extraño a muchos amigos que están cerca... que están lejos. Tomo aire y cierro los ojos los veo sonreir. Y en un momento dado, suelto el lapiz, comienzo aletear con suavidad y siento que me largo a volar. Y vuelo alto, altísimo.

Diarios de noviembre por la noche: Literatura.

Obstinado y voluntarioso me aferro sin mas a una profesión que no es tal, para la que quizás no nací y en la que hasta la fecha no he dado ni las mas mínima prueba de capacidad. De todos modos, como leí alguna vez por ahí, me protejo, afirmando que en la literatura no es necesario presentar pruebas. La literatura esta ahí, siempre. Al alcance de todos. Y el tiempo no pasa sino que alimenta. Se puede sentir, palpar. Oler. Se vive. Te transforma. Está a la vista de todos nosotros en toda su dimensión, abrigando todo desamparo. Es un simple (o no tanto) acto de observación pero con el profundo re ordenamiento de todos los sentidos posibles en función de la cosa observable. Y allí es donde la materialidad de la cosa se transforma en la vibración de la palabra. Ahí radica toda su maravilla. La literatura es oxígeno. Es ese grito que comienza a trepar por todas las vísceras. Su fluir es un vaivén eficaz de todo lo que va sucediendo. El posible escuchar el temblor que provoca la...
Al margen. Ojos sin limites. Sin tilde. De corazón anarquista. Noble. Irreverente. Agónico, paredón y después. Siempre hay mañana. Mueca de otro mundo, casi mejor. De barrios bajos y primaveras. La vida raspa, siempre; hasta el ultimo escondite, de la memoria. Sonrisa al filo. Declaración manifiesta. Avanzar, entre silencios ausentes. Ultimo principio. De este nuevo final.

Supervivencia

Entre la angustia y la alegría que provoca vivir, escribo. Escribo poesía como supervivencia. Entre voces de intemperie en un acto. Sublime. Noble y desinteresado. Entre las miradas silenciosas... Como promesa.              Como susurro. Como evidencia. Conmovedora de vivir...                                         entre la angustia y la alegría...

Laberinto de un nuevo otoño.

La voluntad de confrontarse con la noche. Confrontarse con el silencio. Confrontarse con esa orilla donde toda realidad se disuelve, es una manera de confesar que existe algo contra lo cual nada podemos hacer. Y de allí, precisamente de esa impotencia, surge el poema, surge el poder y la fuerza, surge lo mejor y lo peor del hombre. 

Laberintos treinta y tres de otoño

Pasó en silencio. El espejo le cruzo una mueca sutil. Por una pequeña ventanita de madera entraban rayos de luces alborotadas, tenues, dibujaban colores. Era un atardecer manso. Sin sobresaltos. Se detuvo, en realidad el propio espejo lo detuvo repentinamente. Se miró sin “ver” con los ojos cansados. Encerrado. Trato de reír para disimular las pequeñas arrugas que se le formaron en la comisura de los labios. El tiempo presente, inexorable. Así se vio la cara que le devolvió el espejo, y en un intento elegante de disfrazar con sonrisas, muecas, maquillaje, afeitadora, al implacable olvido... Se reconoció en un intento. Cual será la verdadera cara. O será que a nuestra cara real no la vemos nunca, quizás solo al tacto, como los ciegos.

Una copa. Un recuerdo. Un impulso

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Una copa. Un recuerdo. Un impulso Un mundo entre letras. Como guías. Como luces. Un espacio. Sin vacíos.  Letras. Que alivian. Que saben de esperas.  Esperan ser leídas. Re leídas, por la voz firme del corazón. Suenan precisos los acordes en el tiempo lírico del encanto. La voz se inicia en la sed de lo incompleto y la creación señala un estado de alerta. En la solemnidad del silencio se abrazan las miradas. Un impulso. Un recuerdo. Una copa.
Diarios. Enero 2014. Cuando escribo. Creo que terminé. Cuando suelto el ultimo golpe de letra. Y caigo en un silencio profundo. No hace falta agregar palabra alguna que tenga mayor efecto sobre lo escrito. En ese momento siento que dejé de escribir el texto y que más bien lo estoy leyendo, como si me hubiera convertido en el propio espectador de lujo de una magia ajena. Cuando recobro la noción de la realidad y del tiempo, siento que regreso de un viaje remoto, lejanisimo, y que llego con menos peso, aliviado y con otra conciencia de mi y de las circunstancias que me tocaron vivir.
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Hoy me habitan infinitas sensaciones. Me atraviesan inmensas emociones, recuerdos, imágenes, olores... Amores y desamores. Miradas infinitas, risas, lagrimas y muchos abrazos. Mucha letra y contraletra de vivido. Trípticos y guiso negro. Exitosos fracasos. Parimos "Militantes..." nomas. Y justamente el mismo día que se festejaron los 30 años de democracia. Hermoso guiño del destino...                          y la utopía va... no puede detenerse...
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La poesía se arrima zumbando bajito, entre acordes, acuarelas y entre risas y abrazos.. se hace huella de vivido. Bienvenidos a la fiesta de las letras.

En la noche

En la noche habitan los suspiros el decoro. La soledad inexorable. Atraviesa el amor, la pena. La ilusión trémula. En la noche reside un idioma particular de las almas afines.  Existe la desdicha y el deseo. En la noche.  Remanso luminoso donde nadie se ahoga. Se reconquista al olvido. En un constante fluir. Dentro nosotros. En la noche no hay culpa sino osadía,  tinieblas de lo que vendrá. En la noche brillan los cielos, las sombras y las ausencias.  Los besos absolutamente irresponsables del alma. El instinto y los extremos. Solitarios solemnes del sublime instante. En las noches se vive hoy. Falta mucho para mañana. Noches pardas. Noches de trasmundo.  Donde las voces refucilan. Donde se refugian gritos callados. Noches íntimas que aproximan la distancia a un solo corazón.

Justicia poetica

Camino calle abajo. La luz se percibe en la ultima penumbra. Recorro la noche con el filo de mi parpado transparente. El ritual nocturno de la noche en el mundo. Silencios de olvidos. Silencios como respuestas. Suspiro los besos que te di en la espalda  mientras huelo el recuerdo de tu mirada imperfecta aguardo decidido y paciente, hasta que despierte la ultima de las estrellas... En la noche profunda habita la justicia poética.

Laberinto treinta y uno. Diarios de invierno.

Diarios de invierno. Sábado. Julio.  Fechas resueltas. Vidas que siguen. Gente que crece. Vos estas ahí, leyendo. Yo acá bebiendo calor para ahuyentar el frío. Mientras tanto, las cosas suceden, como se sucede la soledad qué se entrevera un vez mas.  La soledad no quiere estar sola, busca alguien con quien conversar. Estamos todos los que somos. Es un modo de que estemos todos solos, juntos.  También hay muchos acompañados solos. Sentidos inversos del contra azar que le dicen. Es todo tan claro que aun no logramos verlo. No logramos vernos. La soledad es como esa mirada a ninguna parte.  La soledad también es reconocimiento. La soledad es principio. La soledad es descuido. La soledad también esta bien. Giro hacia la izquierda del centro, las derechas son complicadas. Y me desagradan.  Otra vez el espejo. Fatal y cruel. Atinado y verdadero. Muchas verdades en poco tiempo.  Y el tiempo ...

La puerta

Qué te sacuda el profundo deseo de vivir. Sin contemplación. Con convicción y mucho ruido. Sobrevive a tu antojo y nunca te detengas. El poder de liberarte, de revelarte ante el mundo. Está. Está ahí.  Sólo mírate hacia adentro. Bien adentro.  Quizás duela. Vibra tu llama invisible de la noche. Todas las aventuras brillan en tu rostro. El grito asoma entre las lágrimas ciegas. Todo será digno de ser amado. Las distancias son caminos. Anda... desnuda con tu mirada. Mientras te devuelvo todos mis desvelos. Siempre el mismo ademan de mis palabras rotas. Siempre hay amor. La misma confesión. Siempre. Si te animas la puerta se abre hacia la ultima noche... Si te animas la puerta se abre hacia vos mismo...